Antónimos son palabras que tienen un significado opuesto o contrario entre sí.1 Deben pertenecer, al igual que los sinónimos, a la misma categoría gramatical. Por ejemplo, antónimos de alegría son: tristeza, depresión, melancolía…; antónimos de grande son pequeño o chico.
Existen al menos tres clases de antónimos:
Graduales: Las dos palabras se oponen de forma gradual; hay otras palabras que significan lo mimo con diferente grado. Ejemplos: blanco y negro (hay gris), frío y caliente (hay templado, gélido, helado, tibio…).
Complementario: El significado de una elimina el de la otra, incompatibles entre sí. Ejemplo: vivo y muerto (no se puede estar vivo y muerto a la vez). Es decir, la afirmación de uno implica la negación del otro. Por ejemplo, Si algo es legal, no puede ser ilegal.
Recíprocos: Designan una relación desde el punto de vista opuesto, no se puede dar uno sin el otro. Ejemplo: comprar y vender (para que alguien venda una cosa otro tiene que comprarla; si uno no compra, el otro no vende, pero no se puede comprar algo si no lo vende alguien)
Ejemplos de antónimos
Blanco – negro
Gordo – flaco
Amor – odio
Claro – oscuro
Lindo – feo
Apagado – encendido
Activo – inactivo
Grande – pequeño
Alto – bajo
Feliz – triste
Abierto – cerrado
Divertido – aburrido
Largo – corto
Rico – pobre
Valiente – cobarde
Duro – blando
Bueno – malo
Fácil – difícil
Verdad – mentira
Eliminar – añadir
Salir – entrar
gordo- flaco
moderno- antiguo
blanco- negro
grande- chico
abundante- poco
alto- bajo
feliz -triste
aburrido- divertido
amplio -angosto
Los antónimos son aquellos vocablos que presentan un significado opuesto o contrario entre sí. Estas palabras pueden agruparse en tres grandes categorías:
Antónimos recíprocos:
En el caso de los antónimos recíprocos es necesaria la existencia de uno para que el otro sea posible, por lo que uno implica al otro necesariamente. Un ejemplo de estos sinónimos es por ejemplo entrar y salir, no se puede salir de un lugar si antes no se entró. Otro ejemplo es comprar y vender, no se puede comprar algo si no hay quien lo venda.
Antónimos complementarios:
En el caso de estos antónimos, la presencia de uno excluye la de otro, por ejemplo no puede ser de noche y de día al mismo tiempo, algo no puede ser fácil y difícil a la vez o una persona no puede estar muerta y viva en el mismo momento.
Antónimos graduales:
Estos antónimos significan lo opuesto aunque existe una gradualidad en su contrariedad. Un ejemplo es lo que ocurre con los antónimos caliente y frío que también podría ser tibio, cálido, helado o templado.
Un sinónimo es una palabra que tiene un significado total o parcialmente idéntico a otra.
En castellano se usa en los textos para no repetir palabras, de manera que se enriquece el discurso. La sinonimia y otras relaciones similares son también importantes en el análisis lexicográfico, para la preparación de las definiciones de los diccionarios.
No siempre la existencia de sinónimos constituye un apoyo al enriquecimiento de la lengua. En muchas ocasiones, se da preferencia a una de las formas por encima del resto y ello causa que esas otras formas entren en desuso hasta, incluso, poder llegar a desaparecer.
Es el caso, por ejemplo, del verbo exir (salir) que, pese a estar registrada en el diccionario de la Academia, prácticamente está muerta tanto en la lengua escrita como en la hablada. Lo mismo ocurre con maguer cuyo significado es el de aunque. Y poco a poco están entrando en este proceso palabras como so (frente a bajo),alcoba (frente a habitación), mas (frente a pero), etc., palabras que parece que ya solo se emplean en construcciones muy concretas o en un determinado contexto literario.
La sinonimia relaciona palabras por su significado, sin que ello implique que su comportamiento sintáctico sea el mismo (en transitividad, régimen preposicional, etc.). Un ejemplo característico es el uso de recordar con la construcción propia de acordar:
No me acuerdo de lo que dijo
No recuerdo lo que dijo
No me recuerdo de lo que dijo
Los sinónimos son palabras o expresiones que tienen significados iguales o muy parecidos, y que pertenecen a la misma categoría gramatical, por lo tanto,se pueden substituir o intercambiar en un texto sin que este sufra modificación en su sentido.
El vocablo proviene del latín synony̆mus, y esta a su vez tiene origen en el griego συνώνυμος (sinónimos), que se compone de σύν (sin), que significa ‘con’, y ὄνομα (ónoma), ‘nombre’.
Cuando procuramos presentar escritos que tengan un lenguaje cuidado, evitando cacofonías y demostrando cierta variedad o riqueza léxica, apelamos a los sinónimos. Los sinónimos nos permiten evitar repeticiones innecesarias de palabras mediante la substitución o alternancia de vocablos cuyo sentido sea igual o similar.
No obstante, los sinónimos deben usarse con prudencia e inteligencia, verificando, además, en el diccionario si el sinónimo que pretendemos emplear es adecuando para el contexto en que lo estamos colocando, pues no necesariamente siempre una substitución de palabra soluciona nuestros problemas de lenguaje.
Los sinónimos son un recurso muy útil en la redacción de textos para los profesionales de la escritura, como los escritores, periodistas y guionistas, así como para estudiantes e investigadores que estén realizando un trabajo escrito o una monografía.
Tipos de sinónimos
Los sinónimos manifiestan entre sí relaciones graduales de similitud, proximidad o afinidadsemántica, que pueden ser absolutas, parciales, o contextuales.
Sinónimo absoluto o total
Aunque no son comunes, los sinónimos absolutos o totales son aquellos donde dos palabras significan exacta y rigurosamente lo mismo, en cualquiera que sea su contexto de aparición. Por ejemplo: dentista y odontólogo, esposos y cónyuges, iniciar y comenzar.
Sinónimo parcial
El sinónimo parcial es aquel donde las palabras manifiestan una relación de proximidad o afinidad semántica relativa o imperfecta, por lo tanto, solo es aplicable en determinados casos. Por ejemplo: alegría y bienestar, amor y cariño, claridad y facilidad.
Sinónimo contextual
El sinónimo contextual es aquel que se da en casos donde las palabrasfuncionan como sinónimos solo en determinados contextos de comunicación. Por ejemplo, podemos decir “Juan tiene una resaca espantosa”, y luego substituir ‘resaca’ por ‘malestar’: “Juan tiene un malestar espantoso”; pero en el contexto marino, donde resaca significa retroceso de las aguas, no podemos decir “el mar tiene malestar”.
Sinónimo y antónimo
El par opuesto del sinónimo es el antónimo. Mientras que los sinónimos son el conjunto de palabras que se asemejan total o parcialmente, los antónimos son aquellos vocablos que expresan ideas opuestas o contrarias. Por ejemplo: bueno y malo, positivo y negativo, flaco y gordo, grande y pequeño.
Artículos de sinónimos
A continuación se da un selección de artículos de la Wikilengua que describen sinónimos contextuales.
Los sinónimos son palabras que tienen el mismo significado. Se utilizan para adornar un escrito. Por ejemplo en un poema, en una novela o hasta en una carta o tarea donde no queremos repetir la misma palabra varias veces. Aquí les dejo algunos ejemplos, espero sean de su agrado.
La literatura, en su sentido más amplio, es cualquier trabajo escrito; aunque algunas definiciones incluyen textos hablados o cantados. En un sentido más restringido y tradicional, es la escritura que posee mérito literario y que privilegia la literariedad, en oposición al lenguaje ordinario. El término literatura designa también al conjunto de producciones literarias de una nación, de una época o incluso de un género (la literatura griega, la literatura del siglo XVIII, la literatura fantástica, etc.) y al conjunto de obras que versan sobre un arte o una ciencia (literatura médica, jurídica, etc). Es estudiada por la teoría literaria.
En el siglo XVII, lo que actualmente denominamos «literatura» se designaba como poesía o elocuencia. Durante el Siglo de Oro español, por poesía se entendía cualquier invención literaria, perteneciente a cualquier género y no necesariamente en verso. A comienzos del siglo XVIII se comenzó a emplear la palabra «literatura» para referirse a un conjunto de actividades que utilizaban la escritura como medio de expresión. A mediados de la misma centuria Lessing, publica Briefe die neueste Literatur betreffend, donde se utiliza «literatura» para referirse a un conjunto de obras literarias. A finales del siglo XVIII, el significado del término literatura se especializa, restringiéndose a las obras literarias de reconocida calidad estética. Este concepto se puede encontrar en la obra de Marmontel, Eléments de littérature (1787), y en la obra de Madame de Staël, De la littérature considéré dans se rapports avec les institutions sociales.
En Inglaterra, en el siglo XVIII, la palabra «literatura» no se refería solamente a los escritos de carácter creativo e imaginativo, sino que abarcaba el conjunto de escritos producidos por las clases instruidas: cabían en ella desde la filosofía a los ensayos, pasando por las cartas y la poesía. Se trataba de una sociedad en la que la novela tenía mala reputación, y se cuestionaba si debía pertenecer a la literatura. Por eso Eagleton sugiere que los criterios para definir el corpus literario en la Inglaterra del siglo XVIII eran ideológicos, circunscritos a los valores y a los gustos de una clase instruida. No se admitían las baladas callejeras ni los romances, ni las obras dramáticas. En las últimas décadas del siglo XVIII apareció una nueva demarcación del discurso de la sociedad inglesa. Eagleton nos cuenta que surge la palabra «poesía» como un producto de la creatividad humana en oposición a la ideología utilitaria del inicio de la era industrial. Tal definición la encontramos en la obra Defensa of poetry (1821) de Shelley. En la Inglaterra del Romanticismo, el término «literato» era sinónimo de «visionario» o «creativo». Pero no dejaba de tener tintes ideológicos, como en el caso de Blake y Shelley, para quienes se transformó en ideario político, cuya misión era transformar la sociedad mediante los valores que encarnaban en el arte. En cuanto a los escritos en prosa, no tenían la fuerza o el arraigo de la poesía; la sociedad los consideraba como una producción vulgar carente de inspiración.
En la búsqueda de la definición de literatura es precisa de los conceptos «literatura» y «literario», surgió la disciplina de la Teoría de la Literatura, que empieza por delimitar su objeto de estudio: la literatura. A comienzos del siglo XX, el Formalismo ruso se interesa por el fenómeno literario, e indaga sobre los rasgos que definen y caracterizan dichos textos literarios, es decir, sobre la literaturidad de la obra.Roman Jakobson plantea que la literatura, entendida como mensaje literario, tiene particularidades de tal forma que la hacen diferente a otros discursos; ese interés especial por la forma es lo que Jakobson llama Funciones del lenguaje/función poética, por la que la atención del emisor recae sobre la forma del mensaje (o, lo que es lo mismo, hay una «voluntad de estilo» por parte del escritor). En efecto, hay determinadas producciones lingüísticas cuya función primordial es proporcionar placer literario, un deleite de naturaleza estético, en relación con el pensamiento aristotélico. El lenguaje combinaría redundancias y desvíos de la norma, para alejarse del lenguaje común, causar extrañeza, renovarse, impresionar la imaginación y la memoria y llamar la atención sobre su peculiar forma expresiva.
El lenguaje literario sería uno estilizado y con una trascendencia particular, destinado a la perdurabilidad; muy diferente a las expresiones de la lengua de uso común; destinada a su consumo inmediato. La literatura, por otra parte, exige por tradición un respaldo sustentable: «El Ingenioso Caballero de la Figura Hidalga» no habría podido escribirse si no hubieran existido antes los Libros de Caballerías.
Wolfgang Kayser, a mediados del siglo XX, planea cambiar el término «Literatura» por el de «Belles Lettres», diferenciándolas del habla y de los textos no literarios, en el sentido de que los textos literario–poéticos son un conjunto estructurado de frases portadoras de un conjunto estructurado de significados, donde los significados se refieren a realidades independientes al que habla, creándose así una objetividad y unidad propia.
El término literatura y sus adjetivos
Raúl Castagnino, en su libro ¿Qué es la literatura?, indaga sobre el concepto y cómo se extiende a realidades como la escritura, la historia, la didáctica, la oratoria y la crítica. Según Castagnino, la palabra literatura adquiere a veces el valor de nombre colectivo cuando denomina el conjunto de producciones de una nación, época o corriente; o bien es una teoría o una reflexión sobre la obra literaria; o es la suma de conocimientos adquiridos mediante el estudio de las producciones literarias. Otros conceptos, como el de Verlaine, apuntan a la literatura como algo superfluo y acartonado, necesario para la creación estética pura. Posteriormente, Claude Mauriac propuso el término «aliteratura» en contraposición a «literatura» en el sentido despectivo que le daba Verlaine. Todas estas especificaciones hacen de la literatura una propuesta que depende de la perspectiva desde la que se enfoque. Así, Castagnino] concluye que los intentos de delimitar el significado de «literatura», más que una definición, constituyen una suma de adjetivaciones limitadoras y específicas.
Si se considera la literatura de acuerdo con su extensión y su contenido, la literatura podría ser universal, si abarca la obra de todos los tiempos y lugares; si se limita a las obras literarias de una nación en particular, es Literatura nacional. Las producciones, generalmente escritas, de un autor individual, que por tener conciencia de autor, de creador de un texto literario, suele firmar su obra, forman parte de la literatura culta, mientras que las producciones anónimas fruto de la colectividad y de transmisión oral, en ocasiones recogidas posteriormente por escrito, conforman el corpus de la literatura popular o tradicional.
Según el objeto, la literatura será preceptiva si busca normas y principios generales; histórico–crítica si el enfoque de su estudio es genealógico; comparada, si se atiende simultáneamente al examen de obras de diferentes autores, épocas, temáticas o contextos históricos, geográficos y culturales; comprometida si adopta posiciones militantes frente a la sociedad o el estado; pura si sólo se propone como un objeto estético; ancilar, si su finalidad no es el placer estético sino que está al servicio de intereses extraliterarios.
Según los medios expresivos y procedimientos, Castagnino propone que la literatura tiene como formas de expresión el verso y la prosa y sus realizaciones se manifiestan engéneros literarios, universales que se encuentran, más o menos desarrollados, en cualquier cultura; lírico, épico y dramático. Manifestaciones líricas son aquellas que expresan sentimientos personales; épicas, las que se constituyen en expresión de un sentimiento colectivo manifestado mediante modos narrativos, y dramáticas, las que objetivan los sentimientos y los problemas individuales comunicándolos a través de un diálogo directo. A estos géneros literarios clásicos habría que añadir además el didáctico.
El fenómeno literario ha estado siempre en constante evolución y transformación, de tal modo que el criterio de pertenencia o no de una obra a la literatura puede variar a lo largo de la historia, al variar el concepto de “arte literario”.
Barthes: la literatura como práctica de escritura
Para Barthes la literatura no es un corpus de obras, ni tampoco una categoría intelectual, sino una práctica de escritura. Como escritura o como texto, la literatura se encuentra fuera del poder porque en ella se está produciendo un desplazamiento de la lengua, en la cual surten efecto tres potencias: mathesis, mímesis, semiosis.1 Como la literatura es una suma de saberes, cada saber tiene un lugar indirecto que hace posible un diálogo con su tiempo. Como en la ciencia, en cuyos intersticios trabaja la literatura, siempre retrasada o adelantada con respecto a ella: «La ciencia es vasta, la vida es sutil, y para corregir esta distancia es que nos interesa la literatura». Por otra parte el saber que moviliza la literatura no es completo ni final. La literatura sólo dice que sabe de algo, es la gran argamasa del lenguaje, donde se reproduce la diversidad de sociolectosconstituyendo un lenguaje límite o grado cero, logrando de la literatura, del ejercicio de escritura, una reflexibilidad infinita, un actuar de signos.
La literatura del Romanticismo es el movimiento cultural literario que se produce a fines del siglo XVIII y a comienzos del siglo XIX en varios países europeos como Alemania, Francia y Reino Unido, se desarrolla a lo largo de todo el periodo decimonónico, y continúa ejerciendo su influencia, en varios de sus rasgos más característicos, hasta la actualidad.
El Romanticismo alemán no fue un movimiento unitario. Por ello se habla en las historias literarias de varias fases del Romanticismo. Una etapa fundamental fueron los años noventa del siglo XVIII (Primer Romanticismo), pero las últimas manifestaciones alcanzan hasta la mitad del siglo XIX.
Una gran importancia en su nacimiento tuvieron dos movimientos, uno espiritual, el Pietismo, que se desarrolló mucho en Alemania durante la segunda mitad del siglo XVIII y el primer tercio del XIX y procuraba renovar la religión protestante volviendo a la religiosidad individual e íntima frente a los aspectos más formalistas y teológicos del culto, para hacer la religión cada vez más un asunto del corazón y de la vida y no sólo de la inteligencia, y otro de orden estético y anticlásico, el Sturm und Drang.
En primer lugar, el Prerromanticismo reaccionó contra la Aufklärung o ilustración alemana con autores como Albrecht von Haller y su poema Los Alpes, seguido por la admiración de lo infinito y lo insignificante en el paisaje de Klopstock y el apasionado y suicida poeta Heinrich von Kleist (1777-1811).
En la segunda etapa (jüngere Romantik) destacan los hermanos Grimm, Jakob y Wilhelm, importantes filólogos y compiladores de tradiciones y cuentos populares, muchos de ellos de hadas; E.T.A. Hoffmann, creador de relatos fantásticos, y, en el teatro, Georg Büchner fraguará dos tragedias maestras: La muerte de Dantón (1835) y Woyzeck. Otras figuras importantes son Adelbert von Chamisso (1781-1838), autor de La maravillosa historia de Peter Schlemnihl, también sobre el mito de Fausto, y Joseph von Eichendorff, autor de una novela picaresca, Aus dem Leben eines Taugenichts («De la vida de un tunante», 1826). El poeta más importante es Heinrich Heine, autor de un Romancero y unLibro de cantares.
José de Espronceda es el prototipo de poeta romántico en España. Liberal exaltado, activista político y lírico desbordado, su temprana muerte a los 34 años lo convirtió en el poeta del Romanticismo español por excelencia.
Durante la Década Ominosa en España (1823-1833) vuelve a instaurarse un régimen absolutista, y quedan suspendidas todas las publicaciones periódicas, las universidades cerradas y la mayoría de las principales figuras literarias y políticas en el exilio; el principal núcleo cultural español se sitúa, sobre todo, en Gran Bretaña y Francia. Desde allí, periódicos como Variedades, de Blanco White, contribuyeron a fomentar las ideas del Romanticismo entre los exiliados liberales, que paulatinamente fueron abandonando la estética del Neoclasicismo.
En la segunda década del siglo XIX, el diplomático Juan Nicolás Böhl de Faber publicó en Cádiz una serie de artículos entre 1818 y 1819 en el Diario Mercantil a favor del teatro de Calderón de la Barca contra la postura neoclásica que lo rechazaba. Estos artículos suscitaron un debate en torno a los nuevos postulados románticos y, así, se produciría un eco en el periódico barcelonésEl Europeo (1823-1824), donde Buenaventura Carlos Aribau y Ramón López Soler defendieron el Romanticismo moderado y tradicionalista del modelo de Böhl, negando decididamente las posturas neoclásicas. En sus páginas se hace por primera vez una exposición de la ideología romántica, a través de un artículo de Luigi Monteggia titulado Romanticismo.
Por otro lado, algunos escritores liberales españoles, emigrados por vicisitudes políticas, entraron en contacto con el Romanticismo europeo, y trajeron ese lenguaje a la muerte del rey Fernando VII en 1833. La poesía del romántico exaltado está representada por la obra de José de Espronceda, y la prosa por la figura decisiva de Mariano José de Larra. Un romanticismo moderado encarnan José Zorrilla (dramaturgo, autor del Don Juan Tenorio) y el Duque de Rivas, quien, sin embargo, escribió la obra teatral que mejor representa los temas y formas del romanticismo exaltado: Don Álvaro o la fuerza del sino.
Un Romanticismo tardío, más íntimo y poco inclinado por temas político-sociales, es el que aparece en la segunda mitad del siglo XIX, con la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, la gallegaRosalía de Castro, y Augusto Ferrán, que experimentaron el influjo directo con la lírica germánica de Heinrich Heine y del folclore popular español, recopilado en cantares, soleás y otros moldes líricos, que tuvo amplia difusión impresa en esta época.
El vocabulario es el conjunto de palabras que forman parte de un idioma específico, conocidas por una persona u otra entidad (como un diccionario).
El vocabulario de una persona puede ser definido como el conjunto de palabras que son comprendidas por esa persona, o como el conjunto de palabras probablemente utilizadas por ésta. Así es que por ejemplo «valiente» forma parte del vocabulario normal de las personas hispanohablantes, mientras que «bizarro» no lo es, ya que a pesar de éstos sersinónimos, «bizarro» es una palabra prácticamente en desuso (o erróneamente utilizada con el significado del vocablo del idioma inglésbizarre, que significa extraño, o extravagante). La riqueza del vocabulario de una persona es considerada popularmente como reflejo de la inteligencia o nivel de educación de ésta.
El incremento del propio vocabulario es una parte importante tanto en el aprendizaje de idiomas, como en la mejora de las propias habilidades en idioma en el cual la persona ya es adepta.
La adquisición del vocabulario (tanto en el primer idioma como en los segundos y/o extranjeros), es un proceso muy complejo. La primera distinción que debemos hacer es entrevocabulario pasivo y vocabulario activo. El primero es el vocabulario que el sujeto entiende sin ayuda o con muy poca ayuda, pero que no es capaz de utilizar autónomamente. El segundo, es el vocabulario que el sujeto comprende sin problemas, pero que además, es capaz de utilizar cuando lo necesita y sin necesidad de ayuda. Parece claro, por tanto, que el vocabulario más amplio de una persona es el vocabulario pasivo, y parece claro también, que si una persona no tiene una palabra «almacenada» en su vocabulario pasivo, difícilmente esa palabra podrá llegar a formar parte de su vocabulario activo. Uno de los defensores de esta teoría fue Tracey Terrell, co-autor del Natural Approach, y que invirtió un gran esfuerzo en intentar explicar este proceso de adquisición lingüística. Terrell afirma que una forma primero se «liga» (binding en inglés), es decir, se relaciona una forma con su significado. Este proceso parece ser un proceso paulatino y relativamente «lento», ya que no sería un aprendizaje sino una adquisición. Una vez la forma ya está «ligada», el sujeto debería ir intentando «acceder» (accessing en inglés) a esa forma en repetidas ocasiones. Las primeras veces requerirá de mucho tiempo, y posiblemente de cierta ayuda, pero ese tiempo o esa necesidad de ayuda se irá reduciendo paulatinamente. Cuantas más veces ese sujeto intente acceder a esa forma, más «accesible» estará.
Del latín vocabŭlum, el vocabulario está formado por el conjunto de palabras de un idioma. Dicho vocabulario es conocido por las personas que comparten un idioma común y también puede ser compilado en un diccionario.
A un nivel más específico, el vocabulario es el conjunto de palabras que domina una persona o que utiliza en sus conversaciones cotidianas. Esto quiere decir que, si un idioma tiene un vocabulario de 100.000 palabras, una persona tal vez maneje 60.000 palabras. Por lo tanto, el vocabulario de dicho sujeto será más acotado que el vocabulario general del idioma.
En este sentido, se hace necesario determinar que cualquier persona que se anima a aprender otro idioma diferente al suyo materno se ve en la necesidad de dedicar muchas horas de estudio a aprender vocabulario. Y es que es una clave fundamental para poder manejarse en esa otra lengua.
Además hay que subrayar que existen, por tanto, dos tipos claramente diferenciados de vocabulario. Uno de ellos es el que se conoce como vocabulario activo, y es que aquel que una persona no sólo entiende por sí sola sino que además utiliza de manera frecuente a la hora de expresarse.
El segundo de ellos es el que recibe el nombre de vocabulario pasivo. Este, por su parte, es aquel que alguien puede entender sin ningún tipo de problemas y sin ayudas pero que luego no es capaz de utilizar cuando se expresa, sea ya por escrito o por vía oral.
Es habitual que se asocie el vocabulario de una persona con su educación o nivel cultural. Suele considerarse que, a mayor variedad de palabras, mayor capacidad intelectual. La riqueza del vocabulario es un instrumento útil para la adaptación social y para comunicarse con éxito con un rango más amplio de personas. Hay que recordar que el vocabulario empleado para hablar con un amigo difiere del utilizado para comunicarse con un superior jerárquico o un desconocido.
Por ejemplo: “El orador hizo gala de su excelso vocabulario en una disertación que maravilló a los presentes”, “Necesito un diccionario de inglés: hay palabras del libro que aún no forman parte de mi vocabulario”, “Cuida tu vocabulario, no debes hablar de esa forma en la escuela”.
Además de todo lo expuesto no podemos olvidar tampoco que el término vocabulario se utiliza para hacer referencia tanto al libro donde se incluyen las palabras que dan forma a un idioma como al catálogo donde aquellas aparecen recogidas y al lado de las mismas el significado que tiene cada una.
Se conoce como jerga a una variante de la lengua estándar que usa un vocabulario especial con el objetivo de distinguir a los grupos sociales o de ocultar el verdadero significado de los conceptos: “Se armó bondi con la gorra” es una expresión que se utiliza en la jerga carcelaria argentina para referirse a que se produjo un problema (“se armó bondi”) con un policía (“la gorra”).
Concretamente tenemos que matizar que las jergas se pueden y se suelen clasificar en dos grandes grupos: las de tipo profesional, que, como su propio nombre indica, se usan específicamente en un ámbito concreto como por ejemplo el sanitario; y las sociales, que se emplean en determinados colectivos como una manera de entenderse exclusivamente entre ellos.
en la importancia de que asimiles y manejes con soltura el Vocabulario Temático Específico de la materia que vas a estudiar cuanto antes, te voy a poner el ejemplo de El Arte de la Memoria.org.
[A partir de ahora voy a escribir «Las Palabrejas del Experto» cuando hable del Vocabulario Temático Específico. La primera expresión es bastante más gráfica]
Glosario
En esta página hago un uso intensivo de palabras y expresiones como
Subvocalización
Regresión
Estado de Aprendizaje
Visión Periférica
Mapa Mental
Técnica de la Cebolla
Principio de Pareto
Ley de Parkinson
Oposición
Loci
Sistema Mayor
Principio de Familiaridad
etcétera
Entonces, si las de arriba son palabras que no te suenan de nada, que las ves por primera vez o sin saber a qué se refieren, te costará más tiempo y esfuerzo comprender y asimilar la información de un artículo en el que aparecen estos términos varias veces, que a cualquier otra persona que ya las conoce. Incluso también podrás frustrarte y sentir impotencia en algunos casos.
Solución
Échale un vistazo al Glosario antes de seguir leyendo otros artículos. Ahí aparecen “Las Palabrejas del Experto” visitante de El Arte de la Memoria.org. La mayoría de las palabras y expresiones más importantes aparecen ahí. Una vez dominas su uso o conoces su significado, leer los artículos es más fácil, requiere menor tiempo y esfuerzo.
Lo mismo ocurre con cualquier otro tipo de material que necesitas leer, estudiar o memorizar. Cuanto antes te haces con “Las Palabrejas del Experto”, mejor. Menos tiempo, menos esfuerzo y más fácil te resulta todo lo demás.
Posesivo es una palabra que tiene su origen en la lengua latina: possessīvus. Se trata de un adjetivo que está asociado a la posesión. Este término, por su parte, refiere a poseer o tener algo, o al efecto de apoderarse de ello.
El uso más habitual del concepto se vincula a las personas que tienen voluntad de dominio sobre otras, es decir, que intentan controlarlas o quedarse con todo su tiempo. Por ejemplo: “Ignacio es un buen hombre, pero es demasiado posesivo”, “No toleraría estar con alguien tan posesivo, que me pregunte cada cinco minutos que estoy haciendo”, “El tío Ramiro le pidió a la tía Elba que no sea tan posesiva conmigo”.
En un ser humano, el calificativo de posesivo suele ser visto como algo negativo. La persona posesiva invade a la otra, recortando su libertad y presionándola de diversas maneras. Supongamos que una mujer se prepara para salir con sus amigas y su marido le dice que regrese en una hora. Además, el hombre la llama por teléfono varias veces mientras su esposa está reunida. Podría decirse, por lo tanto, que dicho hombre es posesivo.
La voluntad de poseer a otra persona, cosificándola, es una forma de violencia. En sus manifestaciones más sutiles puede resultar inofensiva pero, a medida que se acrecienta la tendencia, resulta peligrosa.
Dentro del ámbito de la gramática, un adjetivoposesivo es aquel que señala la propiedad de algo (referenciado por un sustantivo) a una cosa o a un individuo. “Mío” y “nuestro” son ejemplos de adjetivos posesivos: “Él era Esteban, el querido hermano mío”, “¿Qué haces? Ese lugar es nuestro”.
Los adjetivos posesivos siempre van antes del sustantivo
Los adjetivos posesivos tienen igual género y número que el sustantivo
Los adjetivos posesivos según su género y número
MASCULINO
FEMENINO
SINGULAR
PLURAL
SINGULAR
PLURAL
de mí
mi
mis
mi
mis
de tí
tu
tus
tu
tus
de él/ella/Ud
su
sus
su
sus
de nosotros
nuestro
nuestros
nuestra
nuestras
de vosostros
vuestro
vuestros
vuestra
vuestras
de ellos/ellas/Uds
su
sus
su
sus
Los Pronombres
Los pronombres posesivos pueden ir después del sustantivo (ej. el coche mío)
Los pronombres posesivos pueden ir después del verbo (ej. el coche es mío)
Los pronombres posesivos pueden ir después del artículo (ej. es el mío)
Los pronombres posesivos según su género y número
MASCULINO
FEMENINO
SINGULAR
PLURAL
SINGULAR
PLURAL
de mí
mío
míos
mía
mías
de tí
tuyo
tuyos
tuya
tuyas
de él/ella/Ud
suyo
suyos
suya
suyas
de nosotros
nuestro
nuestros
nuestra
nuestras
de vosostros
vuestro
vuestros
vuestra
vuestras
de ellos/ellas/Uds
suyo
suyos
suya
suyas
Ejemplos:
son mis libros
son los libros míos
son los míos
los libros son míos
son tus libros.
Los adjetivos posesivos son los que modifican al sustantivo añadiéndole una idea de pertenencia o posesión.
Los posesivos corresponden a las tres personas gramaticales. En ambos géneros y números. Los adjetivos posesivos coinciden en número y en género con el nombre de la cosa poseída y no con el propietario o poseedor. Cuando los adjetivos mío, mía; tuyo, tuya, suyo suya y sus plurales van antepuestos al nombre sufren apocope que quiere decir que pierden una o varias letras de la terminación.
Los de la 1ª persona pierden las vocales a, o y los de la 2ª y tercera. Las silabas yo, ya: mi esposo, tus hijos, su fortuna, si ponen pospuestos se diría: esposo mío, hijos tuyos fortuna suya. Las palabras mío, tuyo, suyo. Cuando sin precedidas de los artículos el o la son pronombres y no adjetivos. Mi gata en más linda que la tuya.
Adjetivos posesivos: Un solo poseedor
Primera persona:
mi, mío, mis, míos Segunda persona:
tu, su, tuyo, tus, sus, tuyos, suyos
Tercera persona:
su, sus,
Varios poseedores Primera persona:
nuestro, nuestra, nuestros, nuestras Segunda persona:
su, vuestro, vuestra, sus, vuestros, vuestras Tercerapersona:
su, susSolamente la palabra nuestro, adquiere el género del sustantivo que modifica, y en los plurales nuestros y nuestras, igual que en el caso de vuestro, vuestra, vuestros vuestras.
Otro tipo de adjetivo posesivo es el posesivo acentuado. Se forma como el pronombre posesivo pero, a diferencia de éste, pierde el artículo al convertirse en adjetivo. Además, difiere también de los adjetivos posesivos simples, que se anteponen al nombre que modifican; este adjetivo posesivo acentuado se sitúa después del sustantivo al que modifica.
Ejemplos de adjetivos posesivos:
Mi pantalón y mi camisa
Uno mío y una mía.
Estos son mis filetes y estas son tus tostadas.
Estos filetes son míos y estas tostadas son mías.
Tu hijo lo rompió y tu hija lo pegó.
Un hijo tuyo lo rompió y una hija tuya lo pegó.
Su paciente lo llama y su enfermera lo busca.
Un paciente suyo lo llama y una enfermera suya lo busca.
Tus libros y tus plumas.
Los libros son tuyos y las plumas son tuyas.
Jefe, encontré sus cigarros
Jefe, he encontrado estos cigarros suyos.
Doña Mala, esas son sus peinetas.
Doña Mala, esas peinetas son suyas.
Los niños dicen que su perro se accidentó.
Los niños dicen que un perro suyo se accidentó
Por lo visto su auto está en venta.
Por lo visto un auto suyo esta en venta.
Sus padres dicen que unos amigos suyos se mudaron.